viernes, marzo 26, 2010

¿porqué no llamarles la atención?

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Un Serio llamado de atención



Para todos: Porque «el que piensa estar firme, mire que no caiga (1Co 10.12). Porque todos sabemos cuán fácil es deslizarse del camino correcto.

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Para quienes somos responsables en traer, aceptar y difundir programas importados: Es saludable que, como iglesia del Santo, analicemos a quién traemos. ¿Cómo es en su propio país? Hay predicadores que preseleccionan muy bien los programas que difundirán en América Latina. Cuando se aprecia a dichos predicadores en su país de origen se pueden ver actitudes, conceptos, formas y mensajes que han sido excluidos en la programación para nuestros países. La cuidada postura y el mesurado lenguaje de una grabación han llegado a desaparecer en más de una entrevista con preguntas «molestas»; o predicadores sumamente ocupados de los problemas celestiales no son mostrados, en el Tercer Mundo, cuando piden ayuda económica para «Los Contras» nicaragüenses.

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Es bueno tener en cuenta el contexto, pero ¿qué hacer con los periodistas latinos que visitan los EE.UU. y ven esos programas sin el «filtro» con que se muestran en el sur? Ellos vuelven y cuentan. Estamos en un siglo donde las comunicaciones lo muestran todo, a la corta o a la larga.

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Las iglesias y agencias paraeclesiásticas del Tercer Mundo pueden entusiasmarse rápidamente en asimilar y difundir un programa foráneo por el hecho de que viene sin costo. Con pena, se suele comprobar que «la factura» viene después y no en pesos o dólares sino en derrotas, vergüenza y descrédito.

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Para los que tratan de imitar formas y administraciones de los exitosos: Muchas veces se ha escuchado decir que tal o cual forma o metodología (tales como destacar mucho el nombre de una persona clave, difundir mucho su fotografía, crear efectos especiales en las presentaciones de los protagonistas, las sugestivas cortinas y fondos musicales de ciertos programas, etc.) es especial «para el público latino», porque «eso es lo que los análisis demuestran».

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Todo lo que estos hombres, protagonistas de los mencionados escándalos, estructuraron como cosas accesorias (escenografías, ambientes, decorados, conceptos de publicidad, etc.) son las puertas para las críticas más profundas. Lo que al principio aparentemente ayudaba a «mejorar el ministerio», ha terminado siendo lo que contribuyó a hundirlo.

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El trabajo del Señor es digno de ser muy bien presentado, animoso y atractivo, pero apelando a lo correcto y no a lo que es fácilmente asociable a lo corrupto, a lo banal.

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A los que se enteran y no hablan: Dios deja ver estas «irregularidades» mucho antes de que «la olla se destape». Dios provee información, no la escatima. El envía «señales» o avisos. Si Dios permite que uno de sus hijos (o algunos) corrobore algo malo en un hombre de influencia y ese cristiano queda callado dejando que otros puedan ser mal influenciados o caer en el error, entonces ha sido cortada la provisión de Dios para sanar la infección. Muchas veces el Señor ha provisto información de lo que realmente ocurría y esa información no fue usada correctamente.

En el caso Bakker, por ejemplo, él no era el único implicado en tapar el pecado y sobornar para que «no se hablase»; otros dirigentes de su denominación también se asociaron en ese camino. Tapar el mal no constituye ningún ejercicio de misericordia para con los demás. Cuando se pinta sobre el óxido no puede esperarse buena presencia por largo tiempo.

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En la interpretación de la prensa: La prensa secular bien sirve a los propósitos de las tinieblas. La iglesia debe analizar bien lo que la prensa dice. No la debe desdeñar, pero sí tener en cuenta que muchos periodistas seculares hacen ligeros comentarios sin entender el meollo de la situación, asumiendo conclusiones engañosas que rápidamente ganan estado público. Dije que en este último escándalo norteño hay mucho de verdad, pero debemos tener presente que el diablo siempre «añade» lo suyo.

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A mantener las cuentas claras: Si algo sugestivo hay en toda organización humana es el dinero y el uso que de él se haga. En Estados Unidos, y a raíz de otros problemas parecidos al actual, muchas organizaciones cristianas se unieron en 1979 formando el Evangelical Council for Financial Accountability (ECFA – Consejo Evangélico para la Contabilidad Financiera), un consejo auditor que revisa las finanzas de las organizaciones miembros, para certificar un adecuado y santo manejo del dinero, además de ofrecer acertado asesoramiento técnico. Los asociados a la ECFA, a principios de ’87, sumaban 339 entidades. Es llamativo que los envueltos en este lamentable suceso no han querido que sus números fueran verificados por la EFCA. Eso, entre otras cosas, los habría obligado a dar cuentas claras a cualquier donante que lo hubiera solicitado. Los manejos dudosos sobre los que se ha acusado a estas organizaciones no siempre provienen de malversación intencional sino que otras veces se incurre en errores de procedimiento que, a los observadores, parecen intencionales.

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Cuando alguien no está dispuesto a que sus pasos sean verificados o aceptar el sabio consejo de los expertos, pues eso sólo ya es un llamado de atención.

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A medir nuestra reacción: Cuando Saúl cayó, David no se regodeó con su derrota y muerte, sino que lloró amargamente porque «un grande de Israel había caído», aunque fuera enemigo personal y desobediente a Dios.

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Uno de nosotros ha caído, un colega. En nuestro corazón debe haber tristeza y no sólo por lo que ha ocurrido con el nombre del Señor sino también porque un hermano cayó en el lazo del enemigo.

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